Audiodromo

Audioman 2006        La Serpiente Florecida

La Serpiente Florecida es un poema original en español escrito por Rogervan Rubattino para su colección de poemas "Psicochamán" del año 2006, Aquí abundan las alegorías indigenistas propias de la colección, y en este caso en particular las de los indios yaqui. Ha sido incluido en AUDIOMAN 2006 debido a que es un ejemplo prototípico de la espiritualidad invadida, de los sentimientos corrompidos por uno mismo.

Créditos de Audio

  Nombre Real

R. Rubattino

  Nombre Clave

Efluvios

  País de Origen España
  País de la Grabación España
  Lugar de la Grabación Madrid
  Hora de la Grabación 21:00
  Fecha de la Grabación 14 de Agosto
  Sentimientos

Felicidad Señera

 

Opinión sobre el Poema

Desierto

 

Opinión sobre el Poeta.

Desierto

 

 

 

 

 

 

 

PSICOMANCIA

ROSA DE INFIERNOS

CINOCEFALIA FEMENINA

ORGASMATLON

CREPUSCULO NORDICO

ATAMANTE

SOLOS EN LA TIERRA

CISTERNA DE CISNES

AMANECER

DAME

NAHUAL CIBERNETICO

PENITENTES

ALMA

ARCOS VESTIDOS DE SOL

ALTERNADORAS DEL DIABLO

 

 

 

 

 

Sembré una semilla de tus lágrimas corrompidas, por el veneno de tu espíritu impuro. Allí en los cuerpos vírgenes de las furias, de las arpías de pechos jadeantes. Al cabo de un tiempo me atacaron pequeños demonios para que no regara la simiente, pero fui más fuerte y copulé con ellos hasta hacerlos parte de de mi sonrisa complaciente.

Crecieron de esos cuerpos de jineteras y odaliscas, bellas serpientes tan largas como tu fe. Crecí yo floreciendo mis escamas, entre tus piernas sonreía y tú me veías asqueada y complacida.

Pitones de dos cabezas, salían de las columnas vertebrales de tus mejores amigas, corales de las gargantas de las beatas más sufridas y todo en el pueblo era una conmoción reptilinea sin precedentes.

Al cabo de un tiempo esos cabellos de Gorgona dieron sus frutos, sanguinolentas almendras de conciencia, pequeñas bestezuelas con forma de ofidios emplumados.

Todas las mujeres corrían a devorarlos con avidez desmesurada, exornaron sus gulas hasta ver sus vientres rechonchos y abultados.

Crecí yo floreciendo mis escamas, y en tu perineo encontré un nuevo agujero para parir más almas y el néctar deletéreo del Leteo alimentó a mis infernales crías y hasta la siguiente primavera no existió la calma